No es falta de límites (es cómo los dices)

Lo de “hay que poner límites” suena muy bien.

Pero casi nunca es el problema.

El problema es cómo lo dices.

Porque puedes tener toda la razón del mundo…

y que no sirva para nada.

Te pongo una escena típica.

Dices algo lógico.
Claro.
Con sentido.

Y tu hijo…

ni caso.

No es que no entienda.

Es que no conecta.

Y aquí está el punto.

Un límite no es una orden.

Es una guía.

Es decirle:

“Por aquí sí.”
“Por aquí no.”

Y cuando está bien puesto…

da seguridad.

No enfado.

Pero claro.

Para que funcione…

no basta con lo que dices.

Importa cómo lo dices.

Te dejo tres ideas.

No más.

Primera.

Mira lo que le pasa.

De verdad.

No por encima.

“Veo que estás enfadado.”
“Entiendo que quieras eso.”

No significa que se lo des.

Significa que le ves.

Y eso ya baja medio conflicto.

Segunda.

Di lo tuyo.

Sin rodeos.

Sin justificarte de más.

“Esto no puede ser ahora.”
“Esto no lo voy a permitir.”

Claro.

Simple.

Tercera.

Busca una salida.

No es ceder.

Es integrar.

“No esto… pero sí esto otro.”
“Ahora no… pero luego lo vemos.”

Ahí es donde se construye algo.

Porque si solo impones…

tienes guerra.

Si solo cedes…

pierdes tú.

Y el equilibrio está aquí.

Y ahora lo incómodo.

Muchas veces no sabemos poner límites…

porque a nosotros no nos los pusieron bien.

O nos pasamos.

O nos quedamos cortos.

Y ahí no tiene la culpa el niño.

Tiene más que ver contigo.

Con lo que viviste.

Con lo que aprendiste.

Y eso hay que mirarlo.

Porque educar no va solo de enseñar.

Va de revisarte.

Al final…

los límites no fallan.

Falla la comunicación.

Si quieres aprender a poner límites sin gritar, sin ceder y sin sentirte culpable…

COACH DE ADOLESCENTES Y MENTORA DE TRANSFORMACIÓN FAMILIAR

Update cookies preferences

CONTACTO

SÍGUEME EN...

Copyright ©️ 2024-2026 Megalion Condal S.L. Todos los derechos reservados I web: evaconm.com