A mi hijo le han quedado 5 (y no, quitarle el móvil no va a arreglarlo)

Lo de “a mi hijo le han quedado 5” no es una frase.
Es un clásico.

La escuchas en la puerta del cole, en comidas familiares, en mensajes de WhatsApp que empiezan con un “no sé qué hacer ya…”

Y casi siempre viene con lo mismo detrás.

Que si estudia pero no le cunde.
Que si tiene TDHA, dislexia o lo que sea… pero que “si quisiera, podría”.
Que si pasa horas en su cuarto (y tú sabes perfectamente que no está estudiando).
Que si el móvil.
Siempre el móvil.
El móvil tiene la culpa de todo últimamente.

Y entonces empieza el plan.

Castigo.
Quitarle el móvil.
Sin salir.
Dos semanas.
Un mes si hace falta.

Como si eso fuera a encenderle algo por dentro.

No conozco a nadie que haya dicho:
“Me castigaron y ahí fue cuando me puse las pilas de verdad”.

Nadie.

Esto es como si en una empresa, cuando alguien no vende, le escondes el ordenador.
A ver si así vende más.

No tiene mucho sentido, ¿no?

Pero en casa lo hacemos.

El problema no son las notas.

De verdad.

El problema es que no sabe cómo hacerlo mejor.
O no le compensa.
O está perdido.
O pasa de todo porque ya se ha convencido de que haga lo que haga, le van a caer igual.

Y tú desde fuera ves “vago”.

Él desde dentro ve otra cosa.

Aquí es donde la mayoría se equivoca.

Se ataca a la persona.

“Eres un desastre.”
“Eres un vago.”
“Siempre igual.”

Y eso no espabila a nadie.

Eso etiqueta.

Y cuando alguien se cree la etiqueta… ya está el lío montado.

Hay otra forma.

Menos épica, menos satisfactoria a corto plazo, pero funciona bastante mejor.

Decir lo que ves.

Sin adornos.

Sin juicio.

“Oye, tienes la habitación hecha un cuadro.”
“Llevas una hora con la Play.”
“Veo que te cuesta ponerte.”

No parece gran cosa.

Pero cambia todo.

Porque no atacas.
Se puede hablar.

Luego viene lo importante.

Entender qué está pasando.

No en plan interrogatorio.

En plan curiosidad real.

Qué le cuesta.
Dónde se atasca.
Por qué lo deja para el final.

Porque repetir el mismo castigo diez veces esperando un resultado distinto… ya sabes cómo acaba.

Y aquí viene lo que casi nadie hace:

Acordar cosas.

No imponerlas.

Acordarlas.

Como adultos.

Sí, aunque tenga 13 años.

Pequeños pactos.

Con sentido.

Que pueda cumplir.

Porque si todo es una guerra… te va a ganar.

No porque sea más listo.

Sino porque no tiene nada que perder.

Y otra cosa que escuece un poco.

Los hijos no hacen lo que les dices.

Hacen lo que ven.

Así que…
¿tú harías lo que le estás pidiendo?

Ahí lo dejo.

Al final no va de que saque 10.

Va de que aprenda a esforzarse sin odiar el proceso.
De que sienta que puede.
De que no piense que todo lo hace mal.

Y eso no se consigue gritando más alto.

Ni castigando más tiempo.

Se consigue con algo bastante menos espectacular:

Paciencia.
Ejemplo.
Y una relación donde se pueda hablar sin miedo.

Que parece poco.

Pero no lo es.

Si estás en ese punto de “ya no sé qué hacer”…

échale un ojo a esto:

Igual no necesitas más castigos.

Igual necesitas otro enfoque.

Y eso… cambia bastante la película.

COACH DE ADOLESCENTES Y MENTORA DE TRANSFORMACIÓN FAMILIAR

Update cookies preferences

CONTACTO

SÍGUEME EN...

Copyright ©️ 2024-2026 Megalion Condal S.L. Todos los derechos reservados I web: evaconm.com