
Validar.
Suena bonito.
Pero hacerlo… cuesta.
Porque hay momentos en los que tu hijo te dice algo
y lo último que te sale es entenderle.
Te sale corregir.
Explicar.
Quitarle importancia.
O directamente pensar:
“pero si esto no es para tanto…”
Y ahí…
la has liado sin darte cuenta.
Porque validar no es estar de acuerdo.
Es otra cosa.
Es decirle, sin palabras raras:
“Te veo.”
“Entiendo que te sientas así.”
Y ya.
No arreglas nada.
No solucionas.
No corriges.
Pero haces algo mucho más importante:
Le das espacio.
Y cuando alguien tiene espacio…
baja.
Pero claro.
Aquí viene lo incómodo.
Hay emociones de tu hijo que son difíciles de tragar.
Enfados absurdos.
Respuestas que no entiendes.
Cambios que te descolocan.
Y piensas:
“¿Quién es este?”
Normal.
Y sí.
Hay días que te gustaría desaparecer.
O que desapareciera el problema.
Pero no va por ahí.
Va de recordar algo muy simple.
Le quieres.
Y no un poco.
Mucho.
Y esa es la razón de fondo.
La que importa.
Porque cuando te conectas con eso…
algo cambia.
Dejas de ir al ataque.
Empiezas a mirar.
Y ahí aparece la validación.
No como técnica.
Como actitud.
Ejemplos reales:
“Entiendo que estés enfadado.”
“Veo que esto te ha dolido.”
“Tiene sentido que te sientas así.”
Y luego…
silencio.
Ese silencio incómodo donde, por fin…
escuchas.
Y aquí viene algo importante.
Cuanto más juzgas…
más distancia.
Cuanta más distancia…
menos comprensión.
Y ahí empieza la soledad.
Y una persona sola por dentro…
se pierde.
Así que no es tan pequeño esto.
Validar no es “ser blando”.
Es crear un espacio donde tu hijo pueda ser.
Y desde ahí…
todo empieza a cambiar.
Más cooperación.
Más calma.
Más conexión.
No de golpe.
Pero pasa.
Y sí.
No hay atajos.
Esto depende de ti.
Así que te dejo con una pregunta.
De las que incomodan un poco.
¿Por qué estás aquí?
De verdad.
Porque cuando tienes clara esa razón…
todo lo demás se ordena.
Si quieres aprender a hacer esto sin sentir que pierdes autoridad…
Copyright ©️ 2024-2026 Megalion Condal S.L. Todos los derechos reservados I web: evaconm.com